Vivir la pobreza con dignidad - 23 de Noviembre de 2017 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 697254301

Vivir la pobreza con dignidad

Autor:Daniel Santiago
 
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Roberta dio a luz sin ayuda de partera. Ella misma cortó el cordón umbilical de sus hijos. Vivía en el ejido de San Pedro de las Anonas, en Aquismón, San Luis Potosí.

"Cuando me embaracé tuve mi bebé sola. Yo le quité el ombligo, tuve el otro bebé igual, ni mi mamá ni mi suegra me ayudaron", relata esta mujer tének, grupo originario de la región Huasteca en el norte de Veracruz, San Luis Potosí y Tamaulipas.

En el pueblo de Roberta Reyes es frecuente la migración en busca de una mejor vida. Y ella no fue la excepción. Su destino: Monterrey.

De acuerdo con INEGI, la población tének en Nuevo León es la segunda indígena, después de la nahua.

Esta mujer de amplia sonrisa llegó hace 18 años con cuatro hijos: Cornelia, Olivia, Maribel y Plutarco. La acompañaba Celestino Flores, el hombre con quien se unió luego de que su entonces marido la abandonó después de un matrimonio de violencia.

Roberta vino sin dinero, pero con optimismo hacia la vida que hoy, a sus 50 años y ya como abuela de siete, se ha fortalecido.

Acá tuvo con Celestino a Ana Celia, su quinta hija, cuya historia publicada en la campaña navideña del 2015 de EL NORTE cautivó a lectores, quienes le regalaron los lentes que necesitaba y cumplieron su sueño de volar en helicóptero.

En esa ocasión, el empresario anónimo que le dio a Ana Celia estos regalos también le entregó a Roberta un sobre. Eran 2 mil pesos en efectivo.

"Con ese dinero yo me surtí, pero no de ropa, no de mandado, nada, yo hice la escalera", cuenta orgullosa esta mujer que aprendió a hablar español en Monterrey.

La escalera era la pieza que faltaba para subir al techo de la casa que la pareja ha levantado con sus propias manos en lo más alto del Cerro del Topo Chico. Ella agarrando la pala para preparar la mezcla de cemento y él pegando los blocs.

"Llegué bien contenta ese día", recuerda Roberta. "Le dije a mi señor: 'Mañana voy a comprar material para hacer la escalera. ¿Cuánto te falta de barroblock?'".

· · ·

Cuando vivía en San Luis Potosí, en una ocasión un hombre pasó mientras ella barría la calle y le pidió un vaso con agua.

Ella se lo obsequió, y este gesto amable fue suficiente para desatar los rumores en el pequeño pueblo.

Al enterarse, su esposo la golpeó y la llevó a la casa de aquel hombre del vaso de agua para entregársela. Era Celestino.

"Gracias a él conocí el amor", dice Roberta.

"Porque del primer marido nunca supe un abrazo, buenos días, buenas noches o buenas tardes, con él puro maltrato". Así vivió...

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