Rosaura Barahona / Parece una parodia - 28 de Abril de 2015 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 567922342

Rosaura Barahona / Parece una parodia

Autor:Rosaura Barahona
 
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A mí, como a muchas personas, me mandaron el audio de una señora sampetrina que habla de la organización de la fiesta de su hijo de quinto grado.

La grabación podría ser una maravillosa parodia, pero no lo es; es real.

El área metropolitana tiene un núcleo poblacional de familias muy ricas que no saben qué hacer con su dinero, pero cuesta trabajo creer que alguien dentro de ese núcleo pueda tener tal grado de frivolidad como para contratar "una limo para cada grupo de quinto" y describir con el lenguaje "tipo de que" todo lo que harán para celebrar al niño.

Una parodia (la imitación burlesca de algo o de alguien) es una de las formas más efectivas de hacer una crítica social y se crea a partir de elementos reales tomados de un autor, una obra, un personaje, la política, el deporte, la religión, lo social o cualquier otra cosa.

En México, las parodias de Palillo y de Cantinflas (antes de saberse muy bueno) son inolvidables: provocan mucha risa y diversión, pero si nos ponemos a reflexionar después de conocerlas, descubrimos lo trágico de toda esa "diversión". ¿Por qué? Porque el trasfondo es doloroso y, a menudo, patético.

Hacer una parodia exige conocer a fondo lo parodiado, tener la capacidad de observarlo, analizarlo, definirlo y reproducir lo risible o ridículo de tal situación para, después, escribir o repetir lo necesario para cumplir con su objetivo: desmitificar lo criticado cuando afecta y atañe a un grupo social determinado.

Cuando escuché por primera vez estas grabaciones creí que eran parodias de las sampetrinas dedicadas a competir entre ellas mismas para hacer lo más original, lo más desmesurado, lo más costoso y "lo más padre, gacha"; pero luego me aseguraron personas cuyos hijos están invitados a la fiesta que eran en serio. No es fácil de creer en otras ciudades, pero en esta metrópoli, todo puede suceder.

Las grabaciones me recordaron un horrendo programa que se llamó "Hola, Monterrey" y que fue el epítome de la ridiculez de los nuevos ricos locales a quienes sólo les interesa ostentar sus dineros y no desarrollar sus capacidades cognitivas.

En este caso no conozco a la señora que grabó lo de la fiesta de su hijo ni a la amiga que le contestó que cancelaría el viaje de su propio crío a...

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