DE POLÍTICA Y COSAS PEORES / 'Puerta falsa' - 13 de Enero de 2019 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 755101753

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES / 'Puerta falsa'

Autor:Catón
 
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Don Augurio Malsinado se quitó la vida anoche. Se suicidó, para decirlo en términos más claros. Mis cuatro lectores habrán de recordar a ese pobre señor cuyo nombre varias veces cité aquí. Un hado adverso lo persiguió con saña. La fatalidad se abatió siempre sobre él. No ha de extrañar, entonces, que haya escapado por la puerta falsa. Así llamaban los periódicos de antes al suicidio: puerta falsa. En mi opinión no hay puerta más verdadera que la que abre para salir de la vida quien renuncia a ella. Yo compadezco a los suicidas, pero en secreto siento una especie de admiración por ellos. Tienen el supremo valor de renunciar al bien supremo. Imponen su voluntad sobre el instinto más fuerte: el de conservación. Generalmente a nadie culpan de su muerte, y al hacerlo aciertan pues nadie es nunca culpable de un suicidio, ni siquiera el suicida mismo. En alguna parte leí que hay quienes nacen con una extraña propensión a suicidarse, y no cejan hasta cumplir su intento. Parece ser que los suicidas sufren un desorden químico en el cerebro que anula en ellos la voluntad de vivir y los conduce a esa extrema determinación. Cuando se matan no son ellos mismos. Quién sabe. En todo caso hemos de comprenderlos. La Iglesia católica castigaba severamente a los suicidas. Les negaba las exequias de la religión y la sepultura en terreno consagrado. Y sin embargo supe de un santo sacerdote que tuvo piedad para un desdichado que se mató arrojándose a un río desde lo alto de un puente. Dijo: "Acojámoslo. Quizás entre el puente y el río le pidió perdón al Padre". No dudo que todos los suicidas hagan lo mismo en el brevísimo instante que media entre la vida y la muerte. Piden perdón a Dios y a aquéllos que sufrirán por causa de su decisión. No lo sabemos. Pero la falta de conocimiento la suple la compasión humana. Advierto, sin embargo, que estoy olvidando a don Augurio. Ya he dicho que fue un desventurado. Nunca conoció la dicha. Tuvo...

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