Perfiles e Historias / Su misión: Los derechos humanos - 9 de Octubre de 2016 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 650589929

Perfiles e Historias / Su misión: Los derechos humanos

Autor:María Luisa Medellín
RESUMEN

Luis Eduardo Zavala no encaja en ningún molde: es sacerdote, científico social, académico de Yale en derecho internacional y apoya a migrantes y ONGS

 
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La agenda del Padre Luis Eduardo Zavala de Alba es muy dinámica. Tras dar un curso de verano en la Universidad de Yale y celebrar el 15 de agosto sus 25 años de ordenación sacerdotal en Monterrey, viajó a la Ciudad de México para ser sinodal en un examen de grado de una ex alumna de maestría.

Luego se fue a Tijuana a dar una conferencia sobre derechos humanos y el uso de la fuerza en las corporaciones policiales.

De ahí partió hacia Los Ángeles para reunirse con el Arzobispo de esa ciudad, el regio José Horacio Gómez, quien presidirá la Conferencia Episcopal Americana para la Atención de los Migrantes.

Después regresó a su ministerio en la Parroquia Santa Catarina Mártir y al frente de Casa Monarca, cuya misión es la atención de los migrantes.

Él la recibió como Casa Guadalupana, y desde noviembre del 2015 se organizó con un equipo de voluntarios -al principio 5, ahora 60-, que preparan comidas para estos viajeros que vienen huyendo de la miseria y la inseguridad, desde Honduras, Nicaragua y otros países latinoamericanos.

También los asesoran en cuestiones legales y los auxilian proporcionándoles ropa y, en ocasiones, canalizándolos a albergues como Casanicolás, del Padre Luis Eduardo Villarreal, y Casa Indi, del Padre Felipe de Jesús Sánchez, para que reciban hospedaje.

Aunque esto podría ser temporal, porque el 18 de diciembre esperan colocar la primera piedra de un albergue que estaría abierto para el 2018.

1 El Padre Luis Eduardo se sale del molde del sacerdote tradicional.

A sus 51 años es atlético y juega tenis a un nivel competitivo. Es doctor en derecho internacional por la Universidad Gregoriana de Roma, máster en derecho internacional en derechos humanos por la Universidad de Essex, en Colchester, Inglaterra, y profesor invitado de la Universidad de Yale desde el verano del 2010.

De aspecto pulcro, pelo entrecano y lentes, su trato es directo y cálido. Cuando llega a Casa Monarca, en el centro de Santa Catarina, saluda a los voluntarios, platica con las señoras que preparan las comidas y se entera de la defensa de los casos de algunos migrantes.

Como el resto del equipo, se coloca un chaleco verde neón para ir a entregar los alimentos a las vías del tren, al Puente Atirantado y a otros cruces en los que suelen reunirse los migrantes en tránsito. Los fines de semana va hasta García.

El sacerdote es hiperactivo y conduce una moderna camioneta blanca a gran velocidad.

Esta mañana, tras estacionarla por Avenida Díaz Ordaz, a unas cuadras de las vías del tren, se acerca a José, Rosy y su pequeña hija.

Están cansados y hambrientos. El Padre Luis Eduardo les entrega botellas con agua y platos con carne, arroz y tortillas. También algo de ropa. Mientras comen, le platican su situación.

José cuenta que son de El Salvador y llegaron hace días, que les robaron en el camino, y continuarán por tren hacia la frontera. Por lo pronto, duermen donde los alcanza la noche.

Hay otro joven, Ramiro, de Honduras, con una pierna amputada. Andrea Rodríguez, coordinadora jurídica de Casa Monarca, le asegura que regularizará su situación, ya que su bebé nació en territorio mexicano.

Él se alegra porque dice que ya han sido muchos sufrimientos. Al caer del tren, éste le cercenó la parte inferior de una pierna. Lo atendieron en una clínica de Chiapas y su pareja permaneció con él, pero Ramiro ya piensa quedarse aquí y buscar trabajo.

"Como él, otros están viendo a Monterrey como una ciudad destino, porque ya los deportaron por segunda, tercera ocasión, y tampoco pueden regresar a su país porque vienen huyendo de la Mara Salvatrucha o de la miseria. Ahora estamos en proceso de que se consigan visas humanitarias", dice Andrea.

"Estas situaciones impactan mucho al Padre, porque mantiene un compromiso muy serio en la defensa de los migrantes. Su espíritu de justicia es muy alto y toda anomalía que encuentre va a manifestarla. Tiene su temperamento, aunque busca la conciliación y el diálogo en todo momento".

2 De regreso, en la pequeña sala de Casa Monarca, el Padre Luis Eduardo comparte que eligieron ese nombre porque refleja la lucha que han emprendido, teniendo como referencia a las mariposas que migran hacia santuarios seguros, lo que ellos desean para los migrantes.

"El reto es ir transformando esa conciencia de hostilidad por una de hospitalidad", añade, "porque la percepción de mucha gente, incluida la autoridad, es que la inseguridad puede provenir de los migrantes, cuando, obviamente, es del crimen organizado, y que alguno haya sido reclutado a la fuerza.

"En nuestra experiencia, los migrantes son todo lo opuesto, buscan una mejor calidad de vida, condiciones para su supervivencia, y son amenazados, extorsionados, golpeados".

El Padre Luis Eduardo afirma que en los últimos años ha crecido el número de estos vulnerables viajeros que cruzan por Nuevo León, debido a que en Matamoros y Reynosa eran víctimas de los cárteles.

"Lo más hermoso es que aquí empieza a formarse una comunidad por la causa de los migrantes. Desde los jóvenes que vienen de la Prepa Tec Santa Catarina como voluntarios, hasta los fieles de la parroquia, a quienes invito en las Eucaristías, y que han ido en aumento porque son sensibles a la angustiante situación de estos hermanos".

La familia del Padre también está involucrada. Su hermano Manuel Gerardo, ex presidente de CCINLAC y quien fue integrante del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, es uno de los asesores y consejeros de la Casa; y su mamá, la doctora María de Guadalupe de Alba, es voluntaria del Hospital Universitario, donde apoyan incondicionalmente los casos de los heridos que les envían.

"Mi hijo es muy tenaz en su apostolado, pero ha tenido muchos problemas por defender la justicia y los derechos de los demás. También es muy amiguero y disciplinado", afirma María de Guadalupe, quien añade que una de las frases que más han inspirado su sacerdocio es: "Por amor a la verdad hay que amar las dificultades".

Uno de los mejores amigos del sacerdote, el ingeniero químico Jorge Saldívar, dice que además de estar muy preparado académicamente, es carismático y se enfoca en la parte humana.

"Es muy actual, busca misericordia para esta gente desesperada y atrae a sus fieles porque los escucha y los anima a actuar por el prójimo".

3 El Padre Luis Eduardo es hijo del doctor en ingeniería bioquímica Manuel Antonio Zavala Madero y de la neuróloga María de Guadalupe. Sus hermanos son Manuel Gerardo y Maricarmen.

La familia ha vivido en Estados Unidos, Torreón y Monterrey.

"Nuestra formación académica estuvo a cargo de los jesuitas y, desde pequeños, mi papá nos llevaba a jugar tenis", cuenta el Padre Luis Eduardo.

"Yo iba a campos de verano en Estados Unidos y quería hacer mi carrera tenística mediante una beca en aquel país, pero decidí venirme a Monterrey, a estudiar la prepa en el Tec y a jugar torneos nacionales con un equipo en el que llegué a ser campeón juvenil. Luego se vino mi familia y mi papá abrió su propia empresa".

Sin embargo, su destino cambió al participar en los retiros que organizaban los sacerdotes Alonso Garza y Fidel Martínez, fundadores del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana.

"Tuve un encuentro con el Señor que cambió toda mi expectativa. Así como a San Pablo lo tumbó del caballo, a mí me sacó de la cancha y entré al Seminario. Ahí cumplí los 16 años.

"Pero en cuarto año de filosofía me resistí a creer que el sacerdocio era para mí y me salí. Entré a la licenciatura en el Tec. Los compañeros eran más chicos que yo y preferí ir a sacar la licencia de filosofía a Guadalajara para hacer la maestría en administración de recursos humanos y recuperar el tiempo", explica el sacerdote.

Más adelante, su novia, en ese entonces, se fue de vacaciones a Europa y él asistió a un retiro que lo atrajo irremediablemente al Seminario, otra vez. Cuando ella volvió no había más que decir; la relación terminó.

4 Cuando el Padre Luis Eduardo se ordenó en 1991, a los 26 años, lo enviaron a Apodaca. Él empezó a construir comunidades de base en la Colonia Pueblo Nuevo, y a denunciar la falta de servicios, de pavimentación; las injusticias.

Le sorprendió que al año le informaran que iría a estudiar a Roma, porque él estaba muy contento en su parroquia.

"Luego de 15 años me enteré de que hubo una solicitud del entonces Gobernador Sócrates Rizzo para que me removieran de ahí porque estábamos inquietando a la gente", dice y esboza una sonrisa.

El Padre Luis Eduardo platica que en Roma tuvo oportunidad de jugar tenis con un grupo de embajadores, y uno de ellos se comunicó con el entonces Cardenal Adolfo Suárez Rivera para solicitar que el sacerdote se integrara al servicio diplomático de la Santa Sede, una especie de Harvard de la Iglesia, donde preparan a los Nuncios.

Estudió la maestría y el doctorado en derecho internacional, pero decidió no continuar, y regresar a Monterrey en el año 2000.

Le pareció un precio muy alto cambiar su forma de pensar, ya que no fue bien visto que comulgara con las ideas del Obispo Samuel Ruiz, en defensa de los indígenas de Chiapas, en lugar de respaldar la postura del Nuncio Girolamo Prigione, con quien Ruiz había tenido serias fricciones.

A su regreso fue asignado a la Parroquia San Juan Bosco y se sintió feliz de trabajar en una pastoral universitaria.

Por sus estudios, lo invitaron a dar clases en el Tec, luego en la EGAP. Pidió permiso para combinar el sacerdocio con la academia y empezó a publicar libros sobre la implementación de políticas públicas y derechos humanos.

Luego se incorporó al Sistema Nacional de Investigadores y estudió una maestría en derecho internacional en derechos humanos en la Universidad de Essex, de donde han egresado muchos de los relatores especiales de la ONU.

"Ahí me di cuenta de que lo mío son los derechos humanos y que en México este tema es de lo más importante", recalca el Padre Luis Eduardo, quien es asesor externo de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C.

De vuelta en el Tec, fue elegido para impartir su curso sobre instrumentos internacionales de derechos humanos y políticas internacionales en Yale, donde es profesor invitado desde el 2010, y cuyo salario destina para solventar algunas de las necesidades de Casa Monarca.

"Un día hice un discernimiento de que ya era mucha teoría y que necesitaba actuar, y cuando me enviaron a la Parroquia Santa Catarina Mártir, en el 2013, y vi la realidad de los migrantes, supe que ése era mi camino".

Felipe de Jesús Balderas, uno de sus amigos, comparte que el sacerdote es alegre y proactivo.

Mientras que el Padre Luis Eduardo Villarreal, a quien lo hermana su labor en pro de los derechos humanos, añade que su colega ha trabajado en este tema a nivel nacional e internacional, y uno de sus rasgos distintivos es que siempre está dispuesto a colaborar para ir a poner una denuncia, vincularse en un caso o solucionar cualquier problema.

"Es muy entusiasta y chambeador. Pone los puntos sobre las íes, como en un curso que tuvimos con policías del área metropolitana, ante quienes denunció fuertemente las extorsiones a migrantes".

El Padre Zavala sostiene que las sociedades evolucionarán en la medida en que sean más tolerantes, abiertas y misericordiosas para acoger a los migrantes, porque ése es el futuro de la civilización.

"El Papa Francisco nos ha dado ejemplo. Ha sido la voz en Europa sobre esta necesidad, y no vemos ese mismo reflejo de solidaridad aquí. No obstante, hay luchas y esfuerzos que nos llenan de esperanza".

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