Josefina Leroux/ El balserito - 25 de Abril de 2000 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 78060843

Josefina Leroux/ El balserito

Autor:Josefina Leroux
RESUMEN

Los niños viven los problemas como sus adultos cercanos lo hacen y ven la realidad como ellos. Por eso el cubanito, al estar con sus americanizados paisanos, probablemente llegó a creer que su padre era un malvado que se lo quería llevar adonde sufriría la pérdida de su libertad.

 
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Lo que le pase a un niño siempre mueve los corazones de la gente; es una de las razones por las que el caso del cubanito Elián ha cautivado la atención de propios y extraños.

Desde el trágico deceso de su madre, del que tuvo que ser testigo a su corta edad, su sobrevivencia en el mar y su rescate, hasta los jaloneos de los que fue objeto por parte de los países y de sus más cercanos familiares que pretendían su custodia.

Para culminar el pleito, el viernes, el propio Presidente de Estados Unidos autorizó que la policía armada fuera a sacarlo por asalto a las 5 de la mañana de la casa de sus parientes cubano americanos para ser finalmente entregado a su padre.

Las escenas del secuestro policiaco y la foto del niño en brazos de su rescatista amenazado por una metralleta dispararon la ira de los asilados cubanos. Miles se manifestaron en contra del acto en muchas ciudades de la Unión Americana, muchos que defendían que Elián permaneciera en Estados Unidos, identificados tal vez con la idea de que escapara igual que ellos del sistema del dictador Castro.

Pero también en Cuba, otra gente exigía el regreso del pequeño para el reencuentro con su padre.

Durante meses este niño fue manipulado y aleccionado para que dijera que no quería regresar a Cuba; las entrevistas que le hicieron lo exhiben públicamente: aunque parecía convencido, el discurso de Elián se notaba fingido, actuado y como aprendido de memoria. Es muy fácil convencer a un niño, mas aun si los que lo intentan son personas aparentemente confiables o seductoras.

Y si no lo cree vea la diferencia de expresión de horror de Elián cuando fue sacado del hogar de sus tíos gritando pidiendo auxilio, a las caras de felicidad unas horas después ahora que está al lado de su padre.

Probablemente el chiquito se dio cuenta por él mismo quién es ese hombre; quizá pudo sentir sin influencias externas el afecto que los une.

Sin duda, cada una de las partes tenía sus razones, aunque cada uno niegue las del otro o las considere ilegítimas. No en el corazón de los niños que se desgarra en pedazos igual por su madre que por su padre, si nadie ejecuta juegos perversos en contra del uno o del otro.

El caso de Elián no es aislado, es el mismo de muchas niñas o niños que se disputan sus padres; es el caso de los hijos que en el divorcio se convierten en parte del botín a pelear.

Los niños viven los problemas como sus adultos cercanos lo hacen y ven la realidad como ellos. Por eso el cubanito, al estar con sus americanizados paisanos, probablemente llegó a creer que su padre era un malvado que se lo quería llevar adonde sufriría la pérdida de su libertad.

Su madre había salido en una balsa aparentemente huyendo del lugar (luego se supo que iba tras el amor de un hombre que vive en Miami), y parece que sus parientes asumieron su posición como en una forma de lealtad a la ahogada.

Pero muchas madres hacen cómplices a sus hijos en sus aventuras por la vida, y para lograrlo a veces mienten acerca de sus ex compañeros o cónyuges. Me ha tocado ser testigo en muchos casos dramáticos en los que los niños pierden a su papá porque la mujer que los parió se siente dueña de sus destinos y sus voluntades. Son mujeres que, por coraje, orgullo o despecho al varón que las desposaba, les niegan su paternidad y les privan por celos a sus hijos de su cariño.

Se trata de padres débiles o comodinos a menudo, quienes ante la dificultad de pelear la paternidad en contra de una esposa odiosa, ceden la custodia y el amor de sus hijos y se olvidan poco a poco de ellos desamparándolos.

No fue el caso de Juan Miguel González, quien, después de varios abortos de su ex esposa difunta con quien había deseado y esperado muchos años a Elián, quisiera cederlo después a parientes de su esposa.

Aunque se convirtió en un asunto político entre dos países, el lugar donde vivirían no es lo más importante, aunque muchos siguen pensando que Estados Unidos representaría la mejor oportunidad para el niño.

Después de todo, como mencionó el propio Sr. González, cuál libertad le esperaría en Estados Unidos si asistiría a una escuela donde podría morir violentamente y cuál bienestar tendría si pronto estaría expuesto a la drogadicción. Y podría agregarse también que contaría con enormes probabilidades de enajenarse por un consumismo galopante.

Seguramente que no le dijeron eso sus parientes de la pequeña Habana a Elián, quien días antes había expresado "enérgicamente" ante las cámaras de los noticieros del mundo que no quería reunirse con su padre ni irse a su país natal.

No sabía tal vez este pequeño que su padre peleaba porque lo amaba y que su felicidad estaría donde compartiese el verdadero afecto.

No es hasta que se escuchan las partes que puede saberse más de la verdad de la historia.

Parece que a Elián también lo convenció ahora su padre.

Probablemente, sería muy distinto su destino si hubiese permanecido en Miami rodeado de mil juguetes, consentido y sobreprotegido por sus familiares que veían en él a una víctima. Pero quizá aun en la austera Cuba tenga mejor porvenir el balserito si se cumplen los presagios de su padre de ofrecerle un hogar cálido, una escuela donde estudiar, para luego enseñarle a trabajar para que se convierta sencillamente en un hombre de bien en el futuro.

Con el tiempo lo sabremos...

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