Los hombres de las nieves - 5 de Noviembre de 2013 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 473956978

Los hombres de las nieves

Autor:María Luisa Medellín
 
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En aquel ardiente verano de 1952, Miguel no tuvo la menor duda: Monterrey sería un paraíso para cualquier vendedor de paletas, como él.

Confiesa que la ilusión dibujó en su mente la escena de cientos de helados volando del congelador a las ávidas manos de un sinfín de acalorados consumidores, aunque de inicio la intención no era avecindarse aquí.

Él apostó por Nuevo Laredo cuando al igual que sus hermanos, Plutarco y Jesús, partió de Mexticacán, el poblado jalisciense de tradición paletera donde nació y disfrutó sus años juveniles.

La cercanía con la frontera le hizo pensar en una gran metrópoli, pero cuando sus pies tocaron aquel poblado reducido y terregoso desvió su mirada hacia Monterrey.

Entonces ya se percibía la pujanza de la urbe, que en su más reciente censo contabilizaba 55 mil habitantes.

Fue en el 1031 de Espinosa al poniente, donde los Lomelí Jáuregui impusieron un fresco y artesanal estilo de hacer paletas, rebosante de fruta y sin saborizantes artificiales.

"Nos llamamos Helados Sultana, y vendimos la primera paleta en agosto 15 de 1952, costaría algunos 5 centavos, creo".

Miguel llegó del pueblo a los 26 años, con 15 carritos de paletas, un conservador de seis hoyos donde las acomodaba y un tanque congelador de dos caballos de fuerza.

"Para comprar eso di a cuenta un camión que tenía, me lo tomaron en 12 mil pesos y el total era de 26 mil", detalla el hombre de 79 años, de piel sonrosada, y albo y escaso cabello.

Austero y metódico, aún conserva el cuadernillo de hojas amarillentas donde apuntó esos primeros gastos, junto a las fórmulas originales de las paletas.

Lo extrae de una caja metálica y dorada, herencia de su padre, quien guardaba ahí el dinero de las ventas de su tienda de abarrotes, en Mexticacán, una aldea de pórticos de cantera y callejones empinados, en los Altos de Jalisco.

Allá era una especie de rito iniciático aprender a hacer paletas en Helados Regia, el negocio de más tradición.

Los Martínez, sus propietarios, entrenaban a la muchachada no sólo por reclutar personal, sino para que este oficio caracterizara al poblado, se dispersara por el País, como chispitas de chocolate sobre la nieve, e hiciera progresar a sus habitantes.

Y se cumplió, la plaza de Mexticacán luce una gran e inusual escultura de paleta, y cada diciembre, una feria reúne a los ausentes para conocer las novedades en el ramo.

Miguel saborea los recuerdos, antes de que en 1970 se separara de Plutarco y Jesús para crear Hielati, su propio...

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