Gerardo Puertas Gómez/ ¿Qué ocurre, Fox? - 10 de Noviembre de 2001 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 78268466

Gerardo Puertas Gómez/ ¿Qué ocurre, Fox?

Autor:Gerardo Puertas Gómez
 
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¿Qué ocurre con el Presidente? Eso me pregunto al ver su reacción ante las críticas de los medios de comunicación.

El titular del Ejecutivo llegó al poder por el voto mayoritario de la ciudadanía. Tal hecho le otorga el privilegio de contar con una legitimidad incuestionable. Tiene el derecho de gobernar. Pero la función reclama del Mandatario la observancia de reglas. Dicha responsabilidad incluye el deber de proteger las libertades públicas y las garantías individuales. Tiene, en el caso concreto a que aludimos, la obligación de respetar la libertad de prensa.

Vicente Fox puede manifestar su opinión. El modelo político y el régimen jurídico le garantizan a él, igual que a cualquiera de nosotros, dicha prerrogativa. Nadie podría escatimarle ese derecho. Lo reprobable no es tanto lo que dice, sino por qué y cómo lo dice.

El Presidente expresa: "Hay mucha calumnia, hay mucho engaño, hay mucha mentira recientemente en los medios de comunicación". Afirma, pero no da ejemplos concretos ni pruebas fehacientes.

"Ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos", indica el gobernante. Acusa, pero no señala responsables específicos ni fundamentos claros.

El Mandatario proclama su desprecio por los órganos informativos: "Ya dejé de leer una buena cantidad de periódicos".

El Ejecutivo va más allá. Lanza una advertencia: "No faltan voces... que me piden que ya ponga orden".

¿Son procedentes las palabras de Fox? ¿Es correcto acusar al periodismo de embustero, sin aportar nombres y elementos probatorios? ¿Será prudente sostener, sin mayores detalles, que la prensa busca destituir al Presidente? ¿Resulta responsable que el Mandatario decida no ver lo que publican los diarios? ¿Corresponde no apuntar quiénes solicitan reprimir las libertades? La respuesta es una sola: no, definitivamente no.

La postura es lamentable pero, por desgracia, no resulta sorprendente. El Mandatario, una vez más, hace gala de su ligereza. Y nos confirma algo: las pequeñas torpezas que acostumbra no son insignificantes, porque revelan rasgos profundos de su personalidad. Por eso no deben desestimarse con el argumento de que son nimiedades.

El mensaje del Ejecutivo es clarísimo: la prensa es mentirosa y conspira en su contra; él, en cambio, posee la verdad y encarna la libertad. Difícilmente puede haber una postura menos democrática y una posición menos humanista.

Quien no cree realmente en la crítica, no puede afirmar que cree en la democracia. Así de simple.

El...

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