Enrique Krauze / Sin debates no hay democracia - 3 de Julio de 2016 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 644318517

Enrique Krauze / Sin debates no hay democracia

Autor:Enrique Krauze
 
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Dos preguntas inundaron Google al día siguiente de la votación en favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea: ¿Qué es la Unión Europea? ¿Qué significa salir de la Unión Europea?

Si esta ignorancia sobre el contenido y trascendencia del voto ocurrió en la democracia más antigua del mundo, la cuna de la Carta Magna y el Parlamento, de la libre expresión y la tolerancia, nadie asegura que no pueda ocurrir en Estados Unidos, con todo y sus 240 años de continuidad democrática.

Para evitarlo, la mayoría de los medios está dedicada a aportar datos duros sobre las consecuencias terribles de elegir a Trump. Aún así, la moneda está en el aire: ¿votarán nuestros vecinos con la información objetiva o a ciegas?

Hay una lección obvia para México, en vista a las elecciones del 2018: asegurar que el votante esté informado y decida con claridad cuál es la mejor opción. El tsunami de spots que tuvieron que soportar los votantes en las pasadas elecciones no contribuyó, en absoluto, a ese propósito. Por el contrario: alentó la ignorancia, la confusión, el encono, el ruido, el hartazgo.

Si este será el clima en el 2017 y 2018, no podemos esperar un voto informado. Para lograrlo, hay que ofrecer al ciudadano un medio para contrastar las plataformas de los partidos y el perfil de los candidatos. Ese medio son los debates.

Amartya Sen, el gran filósofo y Premio Nobel de Economía, ha sostenido que la calidad del debate público es el mejor termómetro para medir el desarrollo de la democracia.

Siguiendo sus ideas, en mayo del 2004 dedicamos el número de Letras Libres a proponer los debates como una salida natural a la Babel de ruido e incoherencia que vivíamos entonces (y que no ha cesado). Han pasado 12 años y seguimos igual.

Todavía no hemos tenido un debate verdadero en la política mexicana. Los dizque debates de los candidatos en el 2006 y 2012 fueron largos monólogos punteados por breves e inocuas interpelaciones.

Hace unos años -en este mismo espacio- describí los errores de formato. Sostuve que el moderador sólo servía como semáforo. Cada candidato defendía su programa como quien repite un spot. No había público en el escenario. Se partía de una lista de temas prefijados sin imaginación, como extraídos de un informe presidencial.

No cabía ninguna licencia, sorpresa, emoción, algo que pudiera revelar a la persona detrás de la máscara. Y sobre todo, no había deliberación...

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