Mi encuentro con Robin - 17 de Agosto de 2014 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 524339862

Mi encuentro con Robin

Autor:Doly Mallet
 
EXTRACTO GRATUITO

Afuera del cuarto donde se encontraba Robin Williams, en un hotel de Nueva York, los periodistas comentaban que no hacía falta preguntarle nada.

Famoso por su estilo de improvisar al actuar, era igual en las entrevistas: prácticamente tomaba el micrófono y no dejaba de hablar.

A pesar de haber lanzado su carrera en series de TV cómicas y con personajes como Popeye (1980), Robin empezó a ser considerado como un gran actor gracias a su personaje de John Keating en La Sociedad de los Poetas Muertos (Dead Poets Society, 1989), en la que enseñaba a un grupo de adolescentes cómo "extraer la savia de la vida" -de acuerdo al poema de H.D. Thoreau-, "para no al morir, darme cuenta que no había vivido".

La cinta impactó de inmediato a los jóvenes de la Generación X, que se aprendían frases de Walt Whitman y leían literatura inglesa para "aprovechar el día" (carpe diem, frase en latín que se popularizó precisamente en esa cinta).

A partir de entonces, Robin no sólo fue un actor de renombre, era un símbolo de felicidad que marcó la infancia de muchos (Hook: El Regreso del Capitán Garfio, Jack, Flubber, Jumanji, Aladdin y Papá por Siempre), era una figura de sabiduría (Patch Adams, Pescador de Ilusiones, Despertares) y hasta de misterio (Retratos de una Obsesión, Insomnia).

Por eso, años después, al entrar al cuarto de entrevistas, no tenía caso explicarle cómo había impactado su trabajo en mi vida.

Cuando Robin me recibió, jalé mi silla, me paré en ella y le dije "Oh captain, my captain!", imitando la escena de La Sociedad... en la que Ethan Hawke le hace honores al profesor que lo ayudó a vencer sus miedos.

Me bajé temblando porque no sabía cómo iba a ser recibida mi osadía, pero por supuesto Robin soltó la carcajada, me dio la mano y comentó: "¡Qué escena!, ¿verdad? Nos marcó a todos".

La cinta, irónicamente hablaba del suicidio de un joven que no pudo enfrentar sus problemas.

Y aunque quedó como un clásico, Robin no ganó el Óscar hasta que, prácticamente repitió el mismo papel de sabio mentor que ayuda a Matt Damon a experimentar la vida, no a estudiarla, en Mente Indomable (1998).

"¿Usted cree en los Óscares?", pregunté infiriendo que fue una injusticia que no ganara la estatuilla desde antes.

"¿Crees en las hadas?", me contestó y se rió para completar: "Los Óscares son simplemente una fiesta donde se celebran películas. No importa quién gane y quién pierda, son para divertirse".

Era difícil entender si...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA