Diván 186 / Miedo a envejecer - 29 de Agosto de 2003 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 78496261

Diván 186 / Miedo a envejecer

Autor:Josefina Leroux
 
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Bonita vieja, aquella de la dulce sonrisa,

ella, de la mirada coqueta.

La que pasea por el parque

y con su novio conversa.

Dichosos ambos que se miran perplejos

guardando los mimos para cada tarde...

"No le tengo miedo a la muerte, pero sí a envejecer. Tengo miedo a depender, a perder mis facultades, a volver a ser como una niña... Es un conflicto que no he podido resolver, un duelo, el de la juventud, que necesito empezar a vivir".

"Quisiera morirme antes. Les digo a mis hijos: 'no me lloren si me voy cuando aún pueda trabajar y moverme, cuando me quede salud'. No quiero acabármela y empezar a ver la vida que pasa sentada o en una cama. Prefiero mejor morir".

Somos parte de una cultura que nos muestra una etapa de la vida llena de pérdidas, de enfermedades, y para colmo, de soledad. El 90 por ciento de la gente, sobretodo las mujeres, tiene miedo de envejecer.

Cuando dejan de ser productivos y reproductivos poco tienen que hacer los y las adultas mayores. Apenas cuidar nietos cuando no se pueden comprar acciones de clubes y clases extras o no hay dinero para una nana.

Claro que no es lo mismo ser viejo en la India o en Argentina..., escribió Mónica Viviana Martínez, autora de un curso virtual de Vejez y sexualidad.

Tampoco es igual envejecer en México en distintos escenarios: en una gran ciudad o en un pequeño pueblo; con salud o enfermedad; en la riqueza que en la pobreza; siendo varón o mujer; estando acompañado que solo...

Las peores circunstancias nacen de la ignorancia, ésas son las amenazantes.

No nos preparan ni enseñan para la vida; nos enfrentamos a la vejez como quien cruza el umbral a lo desconocido.. Escuchamos muchos discursos de la dignificación, pero nada se parecen a lo que a diario vemos durante la despedida de la vida. Lo mejor de la existencia gira en torno a la juventud, poco queda para los, y las ancianas.

Son esas condiciones las que empobrecen y deterioran a las personas más que los años, las que nos atemorizan. ¿Cómo no? Nuestro miedo emana ante la patente marginación, las enfermedades o la soledad...

Poco nos damos cuenta que podemos hacer mucho para evitar convertirnos en aquello que tememos, no haciendo otra cosa que algo bueno por nosotros mismos...

Esto me hace recordar una mujer muy preocupada por su padre, al que amaba mucho, pero quien, a sí mismo no se quería.

El hombre se desvelaba, mal comía, pasaba las horas esperando la muerte sentado en alguna silla repelando por su suerte, su historia, maldiciendo...

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