En la cuna del Bungy - 20 de Abril de 2014 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 506028714

En la cuna del Bungy

Autor:Rogelio Elizalde
RESUMEN

Queenstown. Nueva Zelanda bien vale un salto: lanzarse desde el puente Kawarau, a 43 metros de altura, es una experiencia única

 
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QUEENSTOWN, Nueva Zelanda.-"Ya estás aquí", es la frase con la que Joshua, experto en saltos, me convence.

"Éste es el lugar, el viaje; no habrá mejor momento que ahora".

Y no lo dice sólo por los tres aviones, 18 horas de vuelo y más de 11 mil kilómetros que sabe que separan a México del río Kawarau, en Queenstown, sino por el conmovedor paisaje de montañas y ríos de la Isla Sur de Nueva Zelanda.

El agua tiene un tono extraño: desde ciertos ángulos es turquesa y desde otros parece una pecera con gotas de azul de metileno. Los árboles de alrededor fosforescente entre verde y amarillo. Quizás por eso el río fue elegido para representar al Argonath, por donde Frodo, Legolas y Aragorn navegaron en La Comunidad del Anillo (2001).

Por encima del río, a 43 metros de altura, cruza un puente de madera y acero que a fines del siglo 19 era utilizado por mineros en busca de oro. Desde 1988 -cuando A. J. Hackett, neozelandés pionero del salto en bungy, fundó la empresa que lleva su nombre- hasta hoy, tiene como única misión aguantar el rebote de humanos.

Ante semejante belleza, la decisión se toma sola.

Los encargados pesan a cada brincador dos veces (aquí todo se revisa por duplicado) y le anotan el resultado con tinta roja en el dorso de la mano izquierda. Luego, un par de firmas en el formato de autorización y listo: una primera descarga de emoción llega al cuerpo. Es mejor ir al baño antes de salir al puente, recomiendan.

Algunos se quitan los zapatos, tal vez para sentir mejor el viento y el sol, que está pegando fuerte. Un arnés va a la cintura, aunque el amarre principal es en los pies. Al llegar abajo se puede ya sea tocar el agua, quedar empapado o, de plano, ni acercarse a ella; cada quien lo decide. La cuerda se ajusta con base en esa elección y el peso anotado en la mano.

El hombre que ató mis pies cree que porque soy mexicano, y por lo tanto descendiente directo de los voladores de Papantla, me será muy sencillo saltar. "Está en tu sangre", bromea el neozelandés, "recuerda a tus ancestros".

En la orilla de la plataforma, el sentimiento es de pequeñez, pero en cuanto comienza la caída cambia a infinitud....

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