Isabel Turrent / Sin defensa posible - 4 de Septiembre de 2016 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 648203241

Isabel Turrent / Sin defensa posible

Autor:Isabel Turrent
 
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Llevo días en busca de una posible explicación para la visita de Trump a México. Hay pocos elementos para entenderla porque todo lo que emana de Los Pinos es mera confusión.

Al parecer, una iniciativa diplomática de este calibre fue inspiración del Secretario de Hacienda y se tomó pasando por encima de la SRE y del Presidente Obama.

Presidencia mandó la invitación a Trump ("sería un gran honor entrevistarme con usted", dice la carta de Peña) sin consultar a la Casa Blanca, a pesar de que la visita del candidato republicano afectaría directamente la campaña de Hillary Clinton.

Las razones del Gobierno para justificar la invitación a Trump y recibirlo como a un Jefe de Estado de facto en Los Pinos, son tan deleznables que ni vale la pena detenerse en ellas.

Lo cierto es que, a menos de que el Gobierno haya entrado en modo autodestrucción, Peña esperaba una respuesta positiva. Y lo cierto es que se equivocó. La visita generó un consenso de rechazo casi sin fisuras en la opinión pública del País y le dio a sus opositores el mejor argumento para atacarlo: un error político que lo perseguirá siempre.

De un solo golpe sepultó lo que quedaba de lo que fue una diplomacia mexicana valiente, digna e inteligente en el pasado.

En el exterior, la reacción fue una mezcla de incredulidad y asombro. México había protagonizado un drama histórico incomprensible: le había regalado a un enemigo declarado, que es la peor amenaza que el País ha enfrentado en decenios, una legitimidad que los propios republicanos le niegan todos los días.

En busca de esa explicación para tamaño desatino, recordé un ensayo de Isaiah Berlin que respondía a las preguntas que muchos mexicanos nos hemos hecho estos días: ¿Qué define el buen juicio en la política?; ¿qué convierte a un político en estadista?

En una nuez, Berlin dice que un buen político no decide sin tener toda la información en la mano, y que las decisiones acertadas las toma quien puede sintetizar esa información sin perder de vista sus implicaciones y sus posibles consecuencias.

Ninguna de esas variables estuvo presente en la decisión de invitar a Trump a México. A juzgar por sus propias palabras, el Presidente decidió sin informarse.

Al parecer, Peña Nieto no sabe que Donald Trump es la excrecencia de un partido que ha perdido el rumbo. Que el Partido Republicano ha traicionado a su base electoral (blancos, racistas e ignorantes, que han sido dejados atrás por la globalización...

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