Desafío Extremo / Aventura entre volcanes - 4 de Septiembre de 2016 - Norte - Monterrey - Noticias - VLEX 648203577

Desafío Extremo / Aventura entre volcanes

Autor:Juan Guillermo Ordóñez
 
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Nueve días de abril los pasé en los tres grandes volcanes de México: Pico de Orizaba (5 mil 636 metros de altura), Popocatépetl (5 mil 452) e Iztaccíhuatl (5 mil 286 en el pecho, su punto más alto), de acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano. Fue un privilegio que, al tercer día de mi estadía, esta región del Eje Neovolcánico se empezara a cubrir de nieve a partir de los 4 mil metros.

El Popocatépetl, por estar activo, se encuentra cerrado a los montañistas, sin embargo, es todo un espectáculo verlo cubierto de blanco desde varios ángulos de su perímetro cónico, donde sobresalen las vistas desde las cumbres de su vecino el Izta.

Los primeros cuatro días los pasé en el Pico de Orizaba, haciendo recorridos en bicicleta de montaña hasta el albergue Piedra Grande, a 4 mil 260 metros sobre el nivel del mar (msnm) y ascensos caminando a varias alturas siendo la mayor la de 5 mil 300 metros.

En esta primera etapa tuve como centro de operaciones la ciudad de Tlachichuca, Puebla, y pernocté en las instalaciones de Joaquín Canchola, muy conocido por mexicanos y extranjeros que frecuentan este volcán.

Para la segunda etapa me trasladé a la ciudad de Amecameca, en el Estado de México, ubicada al pie del Izta, desde donde realicé ascensos a diferentes alturas con la montaña nevada desde el paraje de La Joya.

Estar en los volcanes entre semana me permitió realizar en solitario estas caminatas en la montaña y estar abriendo huella en la nieve que a veces pasaba de la rodilla.

Fue una sensación muy especial estar ante la montaña disfrazada de blanco, escondiendo los tradicionales senderos y ofreciéndome la libertad de abrir yo la ruta.

La nieve y el mal clima hicieron que las expediciones con las que me topé decidieran abortar temprano sus aventuras.

Mi interés no era hacer cumbre, sino entrenar y probar mi saturación de oxígeno a diferentes alturas con un pequeño aparato llamado Pulsioxímetro, conocido coloquialmente como Saturómetro, que en resumen mide el porcentaje de saturación de oxígeno en la hemoglobina, lo que se traduce en el nivel de adaptación a la altura (ante el déficit de oxígeno en el aire) de cada organismo.

En mi penúltimo día saturé 96 por ciento en el Albergue de los 100, a 4 mil 780 msnm. Esto, para mí, fue un resultado muy halagador, ya que es muy similar al 98 por ciento que registro en Monterrey. Para mi último día supe de una expedición que intentaría hacer cumbre, así que decidí iniciar...

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